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Monthly Archives: October 2015

10 propiedades del ajo probadas científicamente

La mayoría de los efectos que aporta a la salud se deben a uno de los compuestos de azufre que se forma cuando se pica, machaca o se mastica un diente de ajo.
La mayoría de los efectos que aporta a la salud se deben a uno de los compuestos de azufre que se forma cuando se pica, machaca o se mastica un diente de ajo. Cortesía nutricionsinmas.com

Ya en la Antigua Grecia, Hipócrates, físico y padre de la medicina, solía recetar ajo para tratar diversas enfermedades. Hoy en día, la ciencia moderna ha corroborado muchos de los beneficios de este “superalimento”.

A continuación, te presentamos una lista con 10 beneficios del ajo confirmados científicamente y que probablemente no conocías.

1. El ajo contiene un compuesto llamado alicina, el cual tiene potentes propiedades medicinales

El ajo es una planta perteneciente a la familia Allium (cebolla) y está estrechamente relacionada con las cebollas, los chalotes y los puerros.

Crece en muchas partes del mundo y es un ingrediente popular en la cocina debido a su fuerte olor y delicioso sabor.

Sin embargo, a lo largo de la historia, el ajo se ha usado principalmente por sus propiedades medicinales y beneficiosas para la salud (1).

Su uso fue bien documentado por todas la grandes civilizaciones, entre las que se incluyen los egipcios, los babilonios, los griegos, los romanos y los chinos (2).

La “cabeza” entera recibe el nombre de bulbo de ajo, mientras que a cada segmento se le llama diente. Aproximadamente, hay 10-20 dientes en un solo bulbo de ajo.

La mayoría de los efectos que aporta a la salud se deben a uno de los compuestos de azufre que se forma cuando se pica, machaca o se mastica un diente de ajo. Este compuesto es conocido como alicina y es el responsable del distintivo olor del ajo.

La alicina entra en el cuerpo a través del aparato digestivo y viaja por todo el cuerpo, donde emplea sus potentes efectos biológicos.

Resumiendo: El ajo es una planta de la familia de las cebollas, cultivado por sus propiedades culinarias y efectos saludables. Es rico en un compuesto de azufre llamado alicina, del que se cree es el responsable de todos los beneficios que aporta a nuestra salud.

2. El ajo posee un alto valor nutritivo, pero contiene muy pocas calorías

Una porción de ajo de una onza (28 gramos) contiene (3):

Manganeso: 23 % de la CDR.

Vitamina B6: 17% de la CDR.

Vitamina C: 15% de la CDR.

Selenio: 6% de la CDR.

Fibra: 1 gramo.

Cantidades razonables de calcio, cobre, potasio, fósforo, hierro y vitamina B1.

Pequeñas cantidades de otros nutrientes: 42 calorías, 1,8 gramos de proteína y 9 gramos de hidratos de carbono.

Resumiendo: El ajo contiene pocas calorías, pero es muy rico en vitamina C, vitamina B6 y manganeso. Además, también contiene pequeñas cantidades de otros nutrientes.

3. El ajo contiene antioxidantes que pueden ayudar a prevenir el Alzheimer y la demencia

La oxidación causada por los radicales libres contribuye al proceso de envejecimiento. El ajo contiene antioxidantes que sostienen los mecanismos de protección del cuerpo contra la oxidación (4).

Se ha demostrado que las dosis elevadas de suplementos de ajo aumentan las enzimas antioxidantes del ser humano (5), además de reducir considerablemente el estrés oxidativo en personas con hipertensión (6).

Los efectos combinados de reducción de colesterol y presión sanguínea, así como las propiedades antioxidantes, pueden ayudar a prevenir enfermedades cerebrales comunes como el Alzheimer y la demencia (7, 8).

Resumiendo: El ajo contiene antioxidantes que protegen contra el daño celular y el envejecimiento. Puede disminuir el riesgo de sufrir Alzheimer y demencia.

4. El ajo mejora los niveles de colesterol, lo que puede disminuir el riesgo de enfermedades cardíacas

El ajo puede disminuir el colesterol total y LDL. Para aquellas personas con colesterol alto, los suplementos de ajo pueden reducir el colesterol total y/o LDL aproximadamente en un 10-15 % (9).

Tras analizar el colesterol LDL (el “malo”) y el HDL (el “bueno”), parece que el ajo puede reducir el LDL pero no se observan efectos eficaces en el HDL (6, 10).

El ajo no disminuye los niveles de triglicéridos, otro factor de riesgo conocido para las enfermedades cardíacas (11).

Resumiendo: Los suplementos de ajo parecen reducir el colesterol total y LDL, sobre todo en aquellas personas con colesterol alto. Por el contrario, no se observan cambios en los niveles de colesterol HDL y triglicéridos.

5. Los compuestos activos del ajo pueden reducir la presión sanguínea

Las enfermedades cardiovasculares, como los infartos o los derrames cerebrales, son las que más muertes causan en el mundo.

La presión sanguínea elevada, o hipertensión, es una de las causas más importantes de estas enfermedades.

Diversos estudios en seres humanos han demostrado que los suplementos de ajo tienen un impacto significativo cuando se trata de reducir la presión sanguínea en personas con hipertensión (12).

En un estudio en concreto, el extracto de ajo envejecido en dosis de 600-1500 mg fue tan eficaz como el medicamento Atenolol a la hora de reducir la presión sanguínea durante un periodo de 24 semanas (13).

Sin embargo, las dosis de suplementos deben ser bastante elevadas para obtener los efectos deseados: la cantidad de alicina necesaria equivale a cerca de 4 dientes de ajo al día.

Resumiendo: Parece que las dosis elevadas de ajo mejoran la presión sanguínea de aquellas personas que padecen hipertensión. En algunas ocasiones, los suplementos pueden resultar tan efectivos como los medicamentos convencionales.

6. El ajo puede combatir enfermedades, incluido el resfriado común

Un amplio estudio de 12 semanas reveló que los suplementos de ajo, en comparación con el placebo, reducían el número de resfriados en un 63 % (14).

La duración media de los síntomas del resfriado también disminuyó en un 70 %, desde 5 días de duración con el placebo a solo 1 día y medio con el ajo.

De acuerdo con otro estudio, una dosis elevada de extracto de ajo (2,56 gramos al día) puede reducir en un 61 % el número de días de enfermedad por resfriado o gripe (5).

Si eres una persona propensa a los resfriados, añadir ajo a tu dieta puede ser increíblemente útil.

Resumiendo: Los suplementos de ajo ayudan a prevenir y reducir la gravedad de enfermedades comunes como la gripe o el resfriado común.

7. Comer ajo puede ayudar a desintoxicar el cuerpo de metales pesados

En dosis elevadas, se ha demostrado que los compuestos de azufre contenidos en el ajo protegen contra el daño en los órganos derivados de la toxicidad de los metales pesados.

Un estudio de 4 semanas realizado a empleados de una fábrica de baterías de coche (exposición excesiva a plomo) reveló que el ajo disminuía los niveles de plomo en la sangre en un 19 %. También redujo muchos signos clínicos de toxicidad, incluidos dolores de cabeza y presión sanguínea (15).

3 dosis de ajo al día superaron los efectos del medicamento D-penicilamina en la reducción de síntomas.

Resumiendo: Un estudio ha demostrado que el ajo reduce significativamente la toxicidad de plomo y los síntomas asociados a esta.

8. El ajo puede mejorar la salud ósea

No existen experimentos en seres humanos que hayan analizado los efectos del ajo sobre la pérdida de hueso.

Sin embargo, estudios realizados en roedores han demostrado que puede minimizar la pérdida ósea al aumentar el estrógeno en hembras (16, 17).

Un estudio en mujeres menopáusicas reveló que una dosis diaria de extracto de ajo seco (equivalente a 2 gramos de ajo crudo) reducía significativamente un indicador de deficiencia de estrógeno (18).

Por consiguiente, el ajo puede tener efectos beneficiosos en la salud ósea de las mujeres.

Se ha demostrado que alimentos como el ajo y las cebollas poseen efectos beneficiosos en la osteoartritis (19).

Resumiendo: Parece que el ajo posee efectos beneficiosos en la salud ósea al incrementar los niveles de estrógeno en hembras. No obstante, es necesario realizar más estudios en seres humanos.

9. Los suplementos de ajo pueden mejorar el rendimiento atlético

Tradicionalmente, se usaba en las civilizaciones antiguas para reducir la fatiga y mejorar la capacidad laboral de los trabajadores. Muy en particular, se administraba a los atletas olímpicos en la Antigua Grecia (20).

Estudios en roedores han demostrado que el ajo contribuye al rendimiento deportivo, pero se han realizado muy pocos estudios en humanos.

Los sujetos con enfermedades cardíacas que ingirieron aceite de ajo durante 6 semanas presentaron una reducción del 12 % en el máximo de la frecuencia cardíaca y una mejora de su capacidad deportiva (21).

Sin embargo, en un estudio realizado a nueve ciclistas profesionales no se observaron mejoras en el rendimiento (22) y otros estudios indican que el ajo puede disminuir la fatiga provocada por el ejercicio (2).

Resumiendo: El ajo puede mejorar el rendimiento físico en animales de laboratorio y personas con enfermedades cardíacas. Por el contrario, no se han manifestado beneficios concluyentes en personas sanas.

10. El ajo puede prolongar tu vida

Los efectos en la longevidad son básicamente imposibles de probar en los seres humanos.

Pero, dados los efectos beneficiosos del ajo en los factores importantes de riesgo como la presión sanguínea, tiene sentido decir que el ajo puede prolongar tu vida.

El hecho de que pueda combatir enfermedades infecciosas también es un factor a tener en cuenta, ya que estas son causas de muerte comunes, sobre todo en personas mayores o con problemas en el sistema inmunitario.

Resumiendo: Se ha demostrado que el ajo tiene efectos beneficiosos en las causas comunes de enfermedades crónicas, por lo que tiene sentido afirmar que puede prolongar la vida.

El ajo es un alimento fácil de incluir en tu dieta y tiene un sabor increíblemente delicioso

El ajo complementa la mayoría de platos sabrosos, en especial las sopas y salsas, y su fuerte sabor también puede añadir gusto a comidas más sosas.

Incorporar el ajo a nuestra dieta actual resulta facilísimo. Este producto puede adquirirse de diversas formas: dientes o concentrado de ajo, ajo en polvo o suplementos como el extracto o el aceite de ajo.

La dosis mínima eficaz para lograr efectos terapéuticos es la ingesta de un diente de ajo con las comidas, 2 o 3 veces al día.

El compuesto activo del ajo, la alicina, solo se forma cuando machacamos o partimos ajo crudo. Si lo cocinas antes de machacarlo, sus beneficios no serán los mismos.

Además, la mejor manera de consumir ajo es crudo, o machacarlo y cortarlo y dejarlo durante un rato antes de añadirlo a la comida.

No obstante, ten en cuenta que el ajo también tiene algunos inconvenientes, por ejemplo, el mal aliento. Además, también hay personas que son alérgicas a este alimento.

Si tienes un trastorno hemorrágico o estás tomando medicamentos anticoagulantes, consulta a tu médico antes de aumentar el consumo de ajo.

Conclusión

Durante miles de años, existió la creencia de que el ajo tenía propiedades medicinales. En la actualidad, estas propiedades han sido confirmadas por la ciencia y hoy sabemos que este alimento puede prevenir el Alzheimer, reducir el colesterol y la presión sanguínea y hasta mejorar tu rendimiento físico. En definitiva, el ajo puede prolongar tu vida.

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OMS vincula carne roja y carnes procesadas con el cáncer

La carne procesada o charcutería es cancerígena para los humanos

Hay “evidencia suficiente” de que el consumo de carne procesada causa cáncer colorrectal

Cada porción de 50 gramos de carne procesada consumida diariamente aumenta el riesgo de cáncer colorrectal en un 18 %
Por su parte, la carne procesada hace alusión a “la que se ha transformado a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación”.
Por su parte, la carne procesada hace alusión a “la que se ha transformado a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación”. EFE-Archivo

La carne procesada es cancerígena para los humanos, mientras que la carne roja “probablemente” también lo es, según un estudio difundido hoy por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés).

Un grupo de trabajo de 22 expertos de 10 países convocados por el Programa de Monografías de la IARC -agencia que depende de la Organización Mundial de la Salud (OMS)- consideró que hay “evidencia suficiente” de que el consumo de carne procesada causa cáncer colorrectal.

Mientras, clasificó el consumo de carne roja como “probablemente carcinógeno” para los humanos, basado en “evidencia limitada” de que este tipo de alimento puede causar cáncer colorrectal, pero también de páncreas y de próstata.

Según la agencia, existe una “fuerte evidencia mecanicista” que sostiene un efecto carcinógeno de la carne roja.

Los expertos concluyeron que cada porción de 50 gramos de carne procesada consumida diariamente aumenta el riesgo de cáncer colorrectal en un 18 %, en un comunicado difundido por la IARC (con sede en la ciudad francesa de Lyon).

“Para un individuo, el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal por su consumo de carne procesada sigue siendo pequeño, pero este riesgo aumenta con la cantidad de carne consumida”, dijo, según la nota, el doctor Kurt Straif, jefe del Programa de Monografías de la IARC.

Y añadió que “en vista del gran número de personas que consumen carne procesada, el impacto global sobre la incidencia del cáncer es de importancia para la salud pública”.

El grupo de trabajo de la IARC consideró más de 800 estudios que investigaron asociaciones para más de una docena de tipos de cáncer con el consumo de carne roja y de carne procesada en muchos países y poblaciones con dietas diversas.

Para el director de la IARC, Christopher Wild, “estos hallazgos apoyan aún más las actuales recomendaciones de salud pública acerca de limitar el consumo de carne”.

Pese a ello, recordó el “valor nutricional” de la carne roja, por lo que estimó que las conclusiones del estudio servirán a gobiernos y agencias reguladoras para emitir sus propias recomendaciones dietéticas.

La IARC especifica en el comunicado que con carne roja se refiere a “todos los tipos de carne muscular de mamíferos, tales como la carne de res, ternera, cerdo, cordero, caballo o cabra”.

Por su parte, la carne procesada hace alusión a “la que se ha transformado a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación”.

La mayoría de este tipo de alimentos contiene carne de cerdo o de res, pero también pueden contener otras carnes rojas, aves o subproductos cárnicos como la sangre, y algunos ejemplos son las salchichas, el jamón, la carne en conserva, la cecina, la carne en lata, o las preparaciones y salsas a base de carne.

La IARC señala que un resumen de las evaluaciones finales está disponible online en la publicación especializada “The Lancet Oncology”.

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