Archive

Monthly Archives: July 2017

Read in English

En octubre de 2014, Steve Cara esperaba pasar sin ningún problema los exámenes médicos de rutina requeridos para extender su seguro de vida. Sin embargo, los resultados fueron devastadores: a sus 53 años tenía cáncer de pulmón. Había comenzado a esparcirse y los doctores le dijeron que no era operable.

Hace unos cuantos años le habrían sugerido quimioterapia. Sin embargo, su oncólogo, el Dr. Matthew D. Hellmann del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, le recomendó un tratamiento experimental: inmunoterapia. En lugar de atacar directamente al cáncer, como lo hace la quimioterapia, la inmunoterapia trata de provocar que el sistema inmunitario del propio paciente combata la enfermedad.

Cara no estaba seguro y buscó una segunda opinión. Un doctor de otro hospital importante observó sus estudios y revisó su informe de patología, y luego le preguntó qué había aconsejado Hellmann. Cuando este doctor escuchó la respuesta, recuerda Cara, “cerró el folder, me lo regresó y me dijo: ‘Regrese ahí tan pronto como pueda’”.

Muchos otros están tomando ese mismo camino. El sacar provecho del sistema inmunitario para combatir el cáncer, ese antiguo sueño de la medicina, se está convirtiendo en realidad. Varias historias notables de tumores que desaparecen y enfermedades terminales en remisión durante años, respaldadas por datos sólidos, han llevado a un interés enorme y a inversiones de miles de millones de dólares en la inmunoterapia, un campo que crece con rapidez. Las compañías farmacéuticas, los filántropos y el programa contra el cáncer del gobierno de Estados Unidos están poniendo mucho dinero en el desarrollo de estos tratamientos. Las conferencias médicas sobre el tema se llenan.

“Se trata de un cambio esencial en la manera en la que concebimos la terapia contra el cáncer”, dijo el Dr. Jedd Wolchok, jefe de atención a melanomas e inmunoterapia en el Memorial Sloan Kettering.

Continue reading the main storyFoto

Una enfermera prepara una inmunoterapia en el MD Anderson de la Universidad de Texas, en Houston.CreditIlana Panich-Linsman para The New York Times

Cientos de estudios clínicos sobre la inmunoterapia, como tratamiento único o combinado y para todos los tipos de cáncer, están en curso. “Las personas piden, esperan, ruegan por participar en estos estudios”, dijo la Dra. Arlene Siefker-Radtke, una oncóloga del MD Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas, en Houston, especializada en cáncer de vejiga.

El sistema inmunitario (una red de células y tejidos, más las sustancias bioquímicas que estos secretan) defiende al cuerpo de virus, bacterias y otros invasores. Sin embargo, a menudo el cáncer encuentra la manera de esconderse del sistema inmunitario, o bien de bloquear su capacidad de combatirlo. La inmunoterapia trata de ayudar al sistema inmunitario a reconocer el cáncer como una amenaza y entonces atacarlo.

Un tipo de inmunoterapia muy usado emplea medicamentos que liberan células inmunitarias para combatir el cáncer mediante el bloqueo de un mecanismo, llamado punto de control, que el cáncer usa para que el sistema inmunitario deje de funcionar.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) ya aprobó estos medicamentos –llamados inhibidores de puntos del control inmunitarios– para el tratamiento del melanoma avanzado, del linfoma de Hodgkin y del cáncer de pulmón, riñón y vejiga. Hay más medicamentos de este tipo que se están perfeccionando.

Los pacientes claman por los inhibidores de puntos de control, incluyendo uno, Keytruda, que muchos conocen como “la medicina de Jimmy Carter” y que, en combinación con cirugía y radioterapia, ha borrado cualquier signo de recurrencia en el expresidente, a pesar de que su melanoma se había extendido a su hígado y cerebro.

Los inhibidores de puntos de control inmunitarios se han convertido en una opción importante para gente como Cara, con cáncer pulmonar avanzado.

“Podemos decir con toda honestidad a los pacientes que, si bien es cierto que no podemos asegurar que curamos el cáncer pulmonar metastásico en este momento, sí podemos afirmar que hay una esperanza real de que puedan vivir años, y varios pacientes incluso pueden vivir muchos años, lo que en verdad está cambiando las reglas del juego”, dijo el Dr. John V. Heymach, especialista en cáncer pulmonar y jefe de oncología médica de tórax, cabeza y cuello en el MD Anderson.

No obstante todas las promesas y la emoción, el hecho es que la inmunoterapia solo ha funcionado en una minoría de pacientes, y los investigadores están luchando por descubrir por qué es así. Saben que tienen en sus manos una herramienta extraordinariamente poderosa, pero todavía no pueden entenderla ni controlarla del todo.

La historia de un paciente

Continue reading the main storyFoto

El Dr. Matthew D. Hellmann, del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, le recomendó a Steve Cara un tratamiento experimental: inmunoterapia. CreditSam Hodgson para The New York Times

Steve Cara, un ejecutivo de la industria textil en Bridgewater, Nueva Jersey, tenía cáncer pulmonar de células no pequeñas, la forma más común de esta enfermedad. El diagnóstico hizo añicos lo que había sido una vida perfecta: un matrimonio feliz, hijos en la universidad, una carrera profesional exitosa, una hermosa casa, vacaciones, mucho golf.

En diciembre de 2014 comenzó el tratamiento con dos inhibidores de puntos de control inmunitarios. Cuesta aproximadamente 150.000 dólares al año, pero como era sujeto en un estudio no tenía que pagar.

Estos medicamentos actúan sobre las células T asesinas, glóbulos blancos que a menudo se describen como los soldados del sistema inmune. Las células T son tan feroces que tienen frenos inherentes (los puntos de control) que las detienen y les impiden atacar al tejido normal, lo cual puede llevar a trastornos autoinmunes como la enfermedad de Crohn, el lupus o la artritis reumatoide. Un punto de control frena la multiplicación de las células T; otro las debilita y acorta su periodo de vida.

Como su nombre sugiere, los inhibidores de puntos de control inmunitarios bloquean los puntos de control, por lo que el cáncer no puede usarlos para hacer que el sistema inmunitario no funcione.

Cara tomó medicamentos para inhibir ambos tipos de puntos de control. Cada dos semanas recibía infusiones intravenosas de Yervoy y Opdivo, ambos fabricados por la empresa Bristol-Myers Squibb. Al principio no tuvo problemas, solo un poco de cansancio el día posterior a recibir la infusión. Rara vez se ausentó del trabajo.

Sin embargo, dirigir la rabia del sistema inmunitario en contra del cáncer puede traer muchos riesgos. En ocasiones el cuerpo del paciente queda atrapado en el fuego cruzado. Aproximadamente a los dos meses de tratamiento, a Cara le apareció urticaria en los brazos, espalda y pecho. Fue tan grave que tuvo que interrumpir el tratamiento. Una pomada con esteroides alivió la urticaria y pudo retomar el tratamiento, pero con uno solo de los medicamentos, Opdivo. Los doctores suspendieron el otro con la esperanza de minimizar los efectos adversos.

Los inhibidores de puntos de control pueden tardar meses en comenzar a actuar, y en ocasiones provocan una inflamación que, en las imágenes por resonancia magnética al principio del tratamiento, puede dar la impresión de que el tumor está creciendo. Sin embargo, las primeras imágenes de Cara, obtenidas en marzo de 2015, eran sorprendentes: su tumor se había encogido a un tercio de su tamaño.

Para agosto, poco más del 50 por ciento del tumor había desaparecido, pero la urticaria regreso e incluso empeoró. Los esteroides la quitaron de nuevo, pero en octubre apareció un efecto adverso mucho más alarmante: problemas para respirar.

Los doctores diagnosticaron neumonitis, una inflamación de los pulmones provocada por un ataque del sistema inmunitario: un efecto conocido de los inhibidores de puntos de control. Continuar con el tratamiento significaba un gran riesgo.

Cara dejó de recibir las infusiones, pero los meses de tratamiento al parecer habían hecho que su cáncer pasara de etapa 4 a etapa 2, lo que significaba que ya era operable. Esta primavera los cirujanos hicieron la resección de aproximadamente un tercio de su pulmón derecho, y descubrieron que el cáncer había desparecido.

“No observaron nada de cáncer en el tejido que extrajeron”, dijo Hellmann. “El efecto del tratamiento fue del 100 por ciento”, leyó en el informe de patología. “Fue increíble”.

Por el momento no necesita más tratamiento, pero lo revisarán con regularidad. Regresó al trabajo y al golf.

“Ha tenido la mejor respuesta posible”, dijo Hellmann. “Espero que sea permanente. Solo el tiempo lo dirá, y creo que él está consciente de ello”.

Ayuda para unos, pero no para todos

Cuando los inhibidores de puntos de control funcionan, realmente lo hacen, y resultan en remisiones duraderas que comienzan a parecer curas y permanecen incluso después de que el tratamiento se suspende. Entre 20 y 40 por ciento de los pacientes —en ocasiones incluso más— responde al tratamiento. Sin embargo, en muchos pacientes los medicamentos no funcionan para nada. En otros, funcionan durante un tiempo y luego ya no.

La pregunta foco de mucha investigación es por qué.

Continue reading the main storyFoto

Joanne Sabol, de 65 años, tuvo que dejar de recibir los inhibidores de puntos de control debido a una colitis grave. Los pacientes como ella representan un territorio inexplorado.CreditSam Hodgson para The New York Times

Una teoría es que algunos puntos de control adicionales, todavía no identificados, podrían desempeñar algún papel. Hay que encontrarlos y desarrollar medicamentos que actúen sobre ellos.

A pesar de los vacíos en su conocimiento, los inhibidores de puntos de control se están usando ampliamente y se están probando en tipos de cáncer avanzado para los que la quimioterapia estándar ofrece pocas esperanzas.

Aunque en un principio los medicamentos solo se administraban a personas con enfermedad avanzada, en especial a quienes tenían poco que perder pues la quimioterapia ya no les funcionaba, el doctor Heymach, del MD Anderson, predijo que pronto algunos pacientes, incluyendo algunos con cáncer pulmonar en etapas tempranas, recibirían inhibidores de puntos de control como primer tratamiento.

Sin embargo, los médicos afirman que el potencial de efectos adversos peligrosos no puede ser subestimado. Un artículo publicado en 2010 en una revista médica informó que unos pocos pacientes con melanoma habían muerto por los efectos adversos del Yervoy.

Además de causar inflamación de los pulmones, los inhibidores de puntos de control inmunitarios pueden causar artritis reumatoide y colitis, una inflamación grave del intestino, resultado de un ataque del sistema inmunitario alterado que los medicamentos sin receta no pueden tratar. Los pacientes requieren esteroides, como la prednisona, para suprimir estos ataques. Afortunadamente (y también misteriosamente, dijo Wolchok), los esteroides pueden detener el problema en el intestino sin hacer que el sistema inmunitario deje de combatir el cáncer. No obstante, si los pacientes se tardan en decirle a los doctores que tienen diarrea, “pueden morir” por la colitis.

Los inhibidores de los puntos de control también pueden hacer más lentas a las glándulas vitales (la pituitaria, la suprarrenal y la tiroides), creando una necesidad permanente de tratamiento hormonal. Cara, por ejemplo, ahora necesita medicamentos para la tiroides, casi seguro debido a su tratamiento. Los doctores han reportado que un paciente con un trasplante de riñón lo rechazó después de haber tomado inhibidores de puntos de control para tratar un cáncer, al parecer porque el medicamento incitó al sistema inmunitario a atacar ese órgano.

Otro de los pacientes de Hellmann con cáncer pulmonar, Joanne Sabol, de 65 años, tuvo que dejar de recibir los inhibidores de puntos de control debido a una colitis grave. Los había tomado durante cerca de dos años y le redujeron un tumor abdominal en un 78 por ciento. Los pacientes como ella representan un territorio inexplorado y los doctores están tratando de decidir si operarla para extirpar lo que queda del tumor.

“Mi cáncer es muy agresivo, pero no me voy a rendir”, dijo Sabol. “Va a tener una buena batalla conmigo”.

Advertisements
Continue reading the main storyFoto

En la terapia CAR-T, las células T del paciente son reprogramadas en el laboratorio para crear células T modificadas que están codificadas genéticamente para reconocer y luchar contra el cáncer del paciente.CreditBrent Stirton/Novartis

Read in English

La terapia genética para combatir la leucemia, cuya aprobación se espera para los próximos meses, está por abrir la puerta a una clase totalmente nueva de tratamientos contra el cáncer.

Universidades y empresas farmacéuticas se apuran por desarrollar estas nuevas terapias, que modifican y recargan al máximo millones de células del sistema inmunitario de cada paciente para convertirlas en “exterminadoras” del cáncer. Una de las principales metas es poder aumentar el enfoque de estas terapias, que actualmente se centran en los tipos de cáncer que afectan la sangre, para poder atacar también aquellos que afectan las mamas, la próstata, los pulmones, el páncreas y otros órganos.

“Esto ha sido completamente transformador para cánceres de la sangre”, dijo Stephan Grupp, director del programa de inmunoterapia contra el cáncer del Hospital Infantil de Filadelfia, profesor de Pediatría en la Universidad de Pensilvania y líder de estudios destacados al respecto. “Si puede funcionar en tumores sólidos, sería totalmente transformador para todo el campo de estudio”.

Esto tomará tiempo, dijo; calcula que cinco años o más.

Ya se realizan también investigaciones para desarrollar terapias genéticas para combatir glioblastomas, un tipo de cáncer cerebral agresivo. Los primeros resultados fueron mixtos: de 10 pacientes, uno ha vivido por más de 18 meses después del tratamiento con lo que los investigadores llaman una “enfermedad estable”; dos sobrevivieron pero su cáncer progresó, y los demás fallecieron.

Los procedimientos más cerca de la fase de aprobación para su uso general, sin embargo, siguen siendo para leucemia –un pánel de asesores de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por su sigla en inglés) ya recomendó que este sea aprobada– y linfomas.

En ese caso, también hay avances en los estudios. Los investigadores de un procedimiento para la leucemia buscan intentar darle la terapia a menores de edad en etapas más tempranas del cáncer y combinarlo con otros tratamientos. Una versión nueva de esta terapia usa células extraídas de sangre del cordón umbilical donada por madres en vez de células extraídas del mismo paciente.

Se prevé que esos tratamientos cuesten cientos de miles de dólares, y no están exentos de riesgos. Algunos pacientes de los primeros estudios estuvieron a punto de morir a causa de efectos secundarios como fiebres superiores a los 40 grados Celsius, baja presión sanguínea y congestión pulmonar. Los médicos han aprendido a controlar esas reacciones; sin embargo, a los expertos también les preocupan posibles efectos secundarios a largo plazo, como cánceres secundarios que en teoría podrían deberse a virus inhabilitados que se utilizan en la ingeniería genética. No se han presentado estos cánceres hasta el momento, aunque es pronto para descartarlos.

Continue reading the main storyFoto

Emily Whitehead fue la primera niña en ser tratada por leucemia con células T genéticamente modificadas, las cuales fueron hechas por investigadores en la Universidad de Pensilvania.CreditT. J. Kirkpatrick para The New York Times

El nuevo tratamiento para combatir la leucemia consiste en retirar del torrente sanguíneo del paciente millones de glóbulos blancos llamados células T o linfocitos T —comúnmente considerados los soldados del sistema inmunitario—, manipularlos genéticamente para que reconozcan y eliminen el cáncer por medio de las proteínas CD19, replicarlos y después reintroducirlos en el paciente. El proceso es caro porque cada tratamiento debe hacerse por separado para cada paciente.

El procedimiento, llamado terapia de linfocitos T con CAR (CAR es la sigla en inglés de receptores de antígenos quiméricos), se creó y se probó en humanos por primera vez en la Universidad de Pensilvania, que posteriormente le otorgó la licencia a Novartis.

El laboratorio pidió la aprobación de la FDA para un pequeño subgrupo de pacientes gravemente enfermos: niños y jóvenes de 3 a 25 años que sufren leucemia linfoblástica aguda de linfocitos B que reincide o que no responde a tratamientos estándar. Esos pacientes tienen pocas posibilidades de sobrevivir, pero en las pruebas clínicas, un solo tratamiento de linfocitos T ha producido remisiones prolongadas en muchos pacientes, y posiblemente incluso haya curado a algunos.

Novartis planea pedir otra aprobación a finales de este año del tratamiento, que llama CTL019 or tisagenlecleucel, pero para adultos con linfoma difuso de células B y que han recaído o no responden sus tratamientos. Un competidor, Kite Pharma, también solicitó la aprobación de un tratamiento de linfocitos T con receptores de antígenos quiméricos para linfoma. Otro competidor, Juno, sufrió un revés cuando tuvo que cancelar un estudio de linfocitos T con CAR en adultos después de que cinco pacientes murieron por inflamación cerebral. Kite también informó sobre una muerte similar.

Estudios en distintos centros ya tratan de encontrar maneras de utilizar terapias con linfocitos T con receptores de antígenos quiméricos para combatir el mesotelioma y cánceres de ovarios, mama, próstata, páncreas y pulmón. No obstante, Grupp enfatizó que los tumores sólidos no serán eliminados fácilmente.

“Son como una fortaleza militar. No quieren dejar que los linfocitos T entren. Necesitamos estrategias combinadas, linfocitos T con receptores de antígenos quiméricos más otras cosas, pero hasta que esas otras cosas se definan no vamos a obtener los mismos resultados”, dijo el médico del Hospital Infantil de Filadelfia.

Grupp comentó que una ruta prometedora de la investigación propone el suministro de linfocitos T en estados tempranos de la enfermedad, así como la identificación de proteínas adicionales a la CD19 –que no se presenta en todas las células leucémicas– y estudios sobre cómo hacer que las terapias ya desarrolladas sean todavía más efectivas. Por ejemplo, a los pacientes a los que se les ha dado la droga ibrutinib han tenido mejor respuesta que los que recibieron el tratamiento por sí solo.

“Podríamos emplear el tratamiento mucho antes de que se enfermen tanto”, dijo. “Esa es otro gran paso para intentar averiguar cómo utilizar estas células de la mejor manera”. En estos momentos, los niños con leucemia tienen que estar gravemente enfermos —en recaída o tan enfermos que la quimioterapia no sirva para controlar la enfermedad— para ser elegibles al tratamiento con linfocitos T.

El tratamiento temprano, dijo Grupp, podría ayudar a algunos pacientes menores de edad a evitar el trasplante de médula ósea, un tratamiento extenuante que se utiliza como último recurso. Los niños con una enfermedad menos avanzada también tienden a presentar efectos secundarios más leves cuando se someten al tratamiento con linfocitos T, dijo.

Los estudios en niños también están en vías de combinar el tratamiento de linfocitos T con los medicamentos de inmunoterapia llamados inhibidores de puntos de control, que ayudan a liberar el poder de combatir el cáncer de los linfocitos T. Grupp predijo que habrá muchos más estudios, aunque recalcó: “Apenas estamos empezando”.

Continue reading the main storyFoto

Los glóbulos blancos del paciente son congelados tras ser obtenidos antes de que los glóbulos blancos se separen. CreditBrent Stirton/Novartis

Los investigadores del Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas, en Houston, estudian un acercamiento completamente distinto a la modificación celular, y esperan que termine por convertirse en un tratamiento único; es decir, que no tenga que diseñarse exclusivamente para cada paciente, por lo que podría ser menos caro.

En lugar de utilizar linfocitos T, el equipo emplea células que son asesinas por naturaleza, otro componente del sistema inmunitario que tiene la poderosa habilidad de combatir cualquier cosa que clasifique como extraña. En lugar de extraer las células de los pacientes, las investigadoras Katy Rezvani y Elizabeth Shpall extraen las células asesinas de muestras provenientes de sangre de cordones umbilicales donadas por mujeres que acaban de dar a luz.

Utilizan células asesinas naturales porque los linfocitos T de una persona no pueden usarse sin riesgo en otra, pues atacarían el tejido del receptor, lo que causaría la enfermedad de injerto contra huésped, que puede ser fatal. Sin embargo, las células asesinas por naturaleza no causan la reacción mortal, así que es seguro utilizar algunas provenientes del cordón umbilical de un recién nacido para tratar pacientes.

Las células asesinas por naturaleza están genéticamente diseñadas para atacar una proteína llamada CD19, característica en muchos tipos de leucemia y linfoma, y también para producir una sustancia que las activa y las ayuda a permanecer en el organismo. Además, tienen un “interruptor de apagado”, un gen que permitirá a las investigadoras desactivar estas células con un medicamento específico en caso de que causen efectos secundarios peligrosos que no puedan ser controlados.

Después de algunos estudios prometedores en ratones, las investigadoras han comenzado un estudio con pacientes de leucemia linfocítica crónica, leucemia linfocítica aguda o linfoma no Hodgkin, en recaída o resistentes a los tratamientos. El primer paciente será tratado esta semana, dijo Rezvani.

Una unidad de sangre de cordón umbilical produce suficientes células para tratar a cinco pacientes, dijo, y en dos semanas las células asesinas pueden ser expandidas 500 veces, hasta tener mil millones.

“Tenemos el plan de hacer el producto e inyectarlo fresco al paciente, pero también estamos trabajando en optimizar el proceso de congelación para que podamos producir, congelar y guardar el producto, de manera que sea posible dárselo a los pacientes cuando lo necesiten.”

Cerca de 90% de los pacientes tratados vieron su leucemia desaparecer en las primeras pruebas clínicas

Cáncer: Una terapia genética sería la clave contra la leucemia
Cáncer: Una terapia genética sería la clave contra la leucemia

26 de Julio del 2017 – 15:43 » Textos: Redacción Multimedia » Fotos: Difusión

Un grupo de expertos e investigadores está a la espera que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por su sigla en inglés), apruebe un tratamiento que modifica genéticamente el sistema inmunológico de un enfermo para combatir la leucemia.

La terapia de linfocitos T con CAR (CAR es la sigla en inglés de receptores de antígenos quiméricos), fue desarrollado por un investigador de la Universidad de Pennsylvania y patentado por el laboratorio suizo Novartis para tratar la leucemia linfoblástica aguda de linfocitos B.

La técnica consiste en retirar del paciente con cáncer millones de glóbulos blancos. Luego se congelan estos linfocitos T antes de ser modificados genéticamente en un laboratorio para reconocer el cáncer. Las células modificadas son entonces inyectadas en la sangre del paciente y allí se multiplican, ubican y destruyen a las células cancerígenas. Sin embargo, el procedimiento es costoso porque cada tratamiento debe hacerse por separado para cada enfermo.

La joven Emily Whitehead, hoy de 12 años, fue el primer caso en recibir esta terapia genética en 2012, en un hospital de Pennsylvania, cuando tenía seis años. Los efectos secundarios fueron severos -fiebre, caída de la tensión arterial y congestión de los pulmones, pero la pequeña venció la enfermedad y sigue hoy en día sin rastros del cáncer.

La recomendación, que la FDA debería ratificar, abre la vía a la comercialización de la primera terapia genética. En vista de ese éxito, en 2014 la agencia estadounidense de medicamentos le dio a esta terapia genética el estatus de “avance terapéutico” y la colocaron en la vía rápida para su salida al mercado.

Cabe indicar que el laboratorio Novartis plantea solicitar otra aprobación del tratamiento a finales del 2017. Este procedimiento se llama CTL019 o tisagenlecleucel y solo sería aplicada a adultos con linfoma difuso de células B y que han recaído o no responden sus tratamientos.

El estrés emocional crónico puede iniciar el proceso de un cáncer

Posted: 23 Jul 2017 01:44 PM PDT

PERE GASCÓN, ONCÓLOGO DEL HOSPITAL CLÍNIC

Pere Gascón

Pere Gascón (Barcelona, 1949), es uno de los máximos exponentes internacionales en la investigación que vincula sistema nervioso –las neuronas, el cerebro– y cáncer. Ejerce en el servicio de Oncología del Hospital Clínic. Fue su responsable hasta el 2015.
–Usted ha estudiado la relación entre sistema inmunológico y cáncer.
–Soy inmunólogo tumoral y siempre he investigado el microambiente que rodea al tumor: los linfocitos, los macrófagos… con el fin de atacar al cáncer. Por desgracia, hemos visto que cuando un tumor se ha aposentado bien, las células de su microambiente, que son parte del sistema inmunológico, cambian de chaqueta y se ponen de parte del tumor.
–Autoagrede.
–Sí. Los macrófagos, que estaban para defendernos, se pasan al bando del cáncer. Los fibroblastos, que daban consistencia al tejido conectivo, apoyan al tumor, que las compra y lo favorecen. Así en todos los cánceres.
–¿Y en las metástasis? [Diseminación de un cáncer a varios órganos]
–Sabemos que cuando se produce una metástasis existe un nido celular previo que se aprovecha de procesos inflamatorios crónicos asintomáticos, que tenemos en diferentes partes del cuerpo sin saberlo. El cáncer crece en núcleos inflamatorios.
–¿Siempre?
-Si. Esto es muy importante. El cáncer siempre surge de un proceso inflamatorio, y crece más en ese ambiente. Es su microambiente.
–¿Un ejemplo?
–Fácil: ¿qué hace el tabaco? Causa una inflamación crónica en los pulmones. Fumas e irritas constantemente los bronquios. Eso es un campo abonado –no todos los fumadores lo sufrirán– para que una célula cancerosa anide allí. Para que se produzca una mutación.

–¿Qué ocurre en una inflamación?
–Las células del propio tejido inflamado se van multiplicando, con intención de repararlo, hasta que hay un error. La inflamación indica que hay células activadas por un virus, el tabaco, asbestos… No hablo de la inflamación que surge cuando te tuerces un tobillo. Esa no es cancerosa.

–¿La solución del cáncer vendrá del propio sistema inmunológico?
–Es uno de los futuros más actuales. Se han identificado las células que impedían actuar al sistema inmunológico que debe defendernos. Esto es una revolución de hace cinco años. Hay fármacos específicos para tratar metástasis por melanoma, cáncer de riñón, y otros. Esas personas, antes morían en pocas semanas y ahora están viviendo hasta cinco años.

“La línea inmunológica puede ser la respuesta al cáncer en la primera mitad del siglo XXI”

–¿Es la línea definitiva anticáncer?
–Con el cáncer nunca existirá una línea definitiva. La línea inmunológica, combinada con otras, puede ser la respuesta al cáncer en la primera mitad del siglo XXI. Pero la célula cancerosa se las sabe todas. Se hace resistente. Yo ya no estoy ahí.
–¿Y en qué está usted?
–En el desarrollo de algo que identifiqué hace 20 años, cuando trabajaba en EEUU. Descubrí que células del cáncer de mama tenían un receptor [enlace] que es un neurotransmisor [mensajero químico entre neuronas]. Yo siempre he tenido la neurología en la cabeza, y la he estudiado muchísimo. Entonces pensé: si un producto de las neuronas libera una sustancia que se une a un receptor de la célula cancerosa, eso significa que existe una comunicación entre sistema nervioso y cáncer.
–¿Lo confirmó?
–Si. Un investigador de Sevilla, Miguel Muñoz, siguió mis publicaciones y demostró que prácticamente en todas las células cancerosas que él estudió existía aquél receptor neuronal que yo encontré. Lo detectó en tumores de colon, próstata, pulmón, cerebro y leucemias.
–¿Y qué ocurrió?
–Vimos que esos cánceres también tienen receptores de otro neurotransmisor, la adrenalina. Luego, si en las células cancerosas existen receptores de neurotransmisores, eso significa que el sistema nervioso está dialogando con el cáncer. Y ahora viene lo fuerte.
–Adelante.
–Últimamente, hemos demostrado  que el sistema nervioso, en general, propicia el crecimiento del cáncer, forma parte de la tumorogénesis, es decir, de la formación y el crecimiento del tumor. Varios investigadores de EEUU han aludido a esa relación en sus publicaciones.
–¿Adónde lleva todo esto?
–Hace 20 años que voy detrás de demostrar que existe una conexión entre el sistema nervioso y el cáncer. Y es lógico, porque el sistema nervioso nos regula el rítmo cardiaco, la respiración, el intestino. Todo. La sustancia que yo he estudiado es un neurotransmisor inflamatorio: he observado la conexión entre inflamación, cáncer y sistema nervioso.
–¿Esto relaciona al cáncer con los choques emocionales fuertes?
–Por ahí puede ir la cosa. Pero, yo he dicho por activa y por pasiva que las emociones no causan cáncer. El cáncer es consecuencia de un proceso lento, y el organismo tiene una capacidad de regeneración brutal. No es fácil generarlo. Surge de la rotura de muchos sistemas corporales.

“Hay personas de 50 y pocos años que pierden el trabajo y año y medio después les surge un cáncer”

–De múltiples coincidencias.
–Si. Cada vez tenemos más evidencias de que cuando una persona sufre estrés crónico, de meses –por la muerte de una persona que te rompe la vida o la pérdida de un hijo–esas emociones conducen a un estrés en el que se liberan citoquinas inflamatorias, sustancias que crean un ambiente proinflamatorio del que no se es consciente. Esto lo hemos visto en personas de 50 y pocos años que pierden el trabajo y año y medio después les surge un cáncer.
–¿Si ese parado encuentra otro empleo el proceso maligno se detiene?
–Imposible saberlo. Si el estrés emocional ha durado muchos meses, es posible que el proceso canceroso ya vaya por libre. Lo importante es la cronificación del conflicto.
–¿El sistema nervioso potencia las defensas inmunológicas?
–Claro. Cuando el sistema nervioso está equilibrado, las defensas están óptimas. Esto se ha demostrado. Un buen sistema nervioso que permite dormir bien, estar equilibrado y hacer ejercicio físico potencia el sistema de defensas. Y a la inversa, sabemos que los estados estresantes, deprimentes y crónicos, son estados proinflamatorios.
–Riesgo de cáncer.
–Lo que causa el cáncer no es la emoción, sino el proceso que conduce a un ambiente celular inflamatorio, que es esa situación personal negativa. El estrés emocional crónico puede poner en marcha el proceso que inicia un cáncer.
–¿Qué tipo de estrés es maligno?
–El contínuo, que va ligado a una depresión e impide dormir. Puede tener su origen en el trabajo o en una vida familiar infernal.
–¿El control mental de cada persona en esas circunstancias límite es determinante? Si.El control mental de cada cual es determinante. Se suma a su predicposisición genética.